¿Qué es un «guerrillero»?

Por Ernesto Che Guevara.

Quizá no haya país en el mundo en que la palabra «guerrillero» no sea simbólica de una aspiración libertaria para el pueblo. Solamente en Cuba esta palabra tiene un significado repulsivo. Esta Revolución, libertadora, en todos sus extremos, sale también a dignificar esa palabra. Todos saben que fueron guerrilleros aquellos simpatizantes del régimen de esclavización española que tomaron las armas para defender en forma irregular la corona del rey de España; a partir de ese momento, el nombre queda como símbolo, en Cuba, de todo lo malo, lo retrógrado, lo podrido del país. Sin embargo, el guerrillero es, no eso, sino todo lo contrario; es el combatiente de la libertad por excelencia; es el elegido del pueblo, la vanguardia combatiente del mismo en su lucha por la liberación. Porque la guerra de guerrillas no es como se piensa, una guerra minúscula, una guerra de un grupo minoritario contra un ejército poderoso, no; la guerra de guerrillas es la guerra del pueblo entero contra la opresión dominante. El guerrillero es su vanguardia armada; el ejército lo constituyen todos los habitantes de una región o de un país. Esa es la razón de su fuerza, de su triunfo, a la larga o a la corta, sobre cualquier poder que trate de oprimirlo; es decir, la base y el substratum de la guerrilla está en el pueblo.

No se puede concebir que pequeños grupos armados, por más movilidad y conocimiento del terreno que tengan, puedan sobrevivir a la persecución organizada de un ejército bien pertrechado sin ese auxiliar poderoso. La prueba está en que todos los bandidos, todas las gavillas de bandoleros, acaban por ser derrotados por el poder central, y recuérdese que muchas veces estos bandoleros representan, para los habitantes de la región, algo más que eso, representan también aunque sea la caricatura de una lucha por la libertad.

El ejército guerrillero, ejército popular por excelencia, debe tener en cuanto a su composición individual las mejores virtudes del mejor soldado del mundo. Debe basarse en una disciplina estricta. El hecho de que las formalidades de la vida militar no se adapten a la guerrillera, que no haya taconeo ni saludo rígido, ni explicación sumisa ante el superior, no demuestran de manera alguna que no haya disciplina. La disciplina guerrillera es interior, nace del convencimiento profundo del individuo, de esa necesidad de obedecer al superior, no solamente para mantener la efectividad del organismo armado que está integrado, sino también para defender la propia vida. Cualquier pequeño descuido en un soldado de un ejército regular es controlado por el compañero más cercano. En la guerra de guerrillas, donde cada soldado es unidad y es un grupo, un error es fatal. Nadie puede descuidarse. Nadie puede cometer el más mínimo desliz, pues su vida y la de los compañeros le va en ello.

Esta disciplina informal, muchas veces no se ve. Para la gente poco informada, parece mucho más disciplinado el soldado regular con todo su andamiaje de reconocimientos de las jerarquías que el respeto simple y emocionado con que cualquier guerrillero sigue las instrucciones de su jefe. Sin embargo, el ejército de liberación fue un ejército puro donde ni las más comunes tentaciones del hombre tuvieron cabida; y no había aparato represivo, no había servicio de inteligencia que controlara al individuo frente a la tentación. Era su autocontrol el que actuaba. Era su rígida conciencia del deber y de la disciplina.

El guerrillero es, además de un soldado disciplinado, un soldado muy ágil, física y mentalmente. No puede concebirse una guerra de guerrillas estática. Todo es nocturnidad. Amparados en el conocimiento del terreno, los guerrilleros caminan de noche, se sitúan en la posición, atacan al enemigo y se retiran. No quiere decir esto que la retirada sea muy lejana al teatro de operaciones; simplemente tiene que ser muy rápida del teatro de operaciones.

El enemigo concentrará inmediatamente sobre el punto atacado todas sus unidades represivas. Irá la aviación a bombardear, irán las unidades tácticas a cercarlos, irán los soldados decididos a tornar una posición ilusoria.

El guerrillero necesita sólo presentar un frente al enemigo. Con retirarse algo, esperarlo, dar un nuevo combate, volver a retirarse, ha cumplido su misión específica. Así el ejército puede estar desangrándose durante horas o durante días. El guerrero popular, desde sus lugares de acecho, atacará en momento oportuno.

Hay otros profundos axiomas en la táctica de guerrillas. El conocimiento del terreno debe ser absoluto. El guerrillero no puede desconocer el lugar donde va a atacar, pero además debe conocer todos los trillos de retirada así como todos los caminos de acceso o los que están cerrados. Las casas amigas, y enemigas, los lugares más protegidos, aquellos donde se puede dejar un herido, aquellos otros donde se puede establecer un campamento provisional, en fin, conocer como la palma de la mano el teatro de operaciones. Y eso se hace y se logra porque el pueblo, el gran núcleo del ejército guerrillero, está detrás de cada acción. Los habitantes de un lugar son acémilas, informantes, enfermeros, proveedores de combatientes, en fin, constituyen los accesorios importantísimos de su vanguardia armada.

Pero frente a todas estas cosas; frente a este cúmulo de necesidades tácticas del guerrillero, habría que preguntarse: «¿por qué lucha?», y, entonces surge la gran afirmación: «El guerrillero es un reformador social. El guerrillero empuña las armas como protesta airada del pueblo contra sus opresores, y lucha por cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio y la miseria. Se ejercita contra las condiciones especiales de la institucionalidad de un momento dado y se dedica a romper con todo el vigor que las circunstancias permitan, los moldes de esa institucionalidad.»

Veamos algo importante: ¿qué es lo que el guerrillero necesita tácticamente? Habíamos dicho, conocimiento del terreno con sus trillos de acceso y escape, velocidad de maniobra, apoyo del pueblo, lugares donde esconderse, naturalmente. Todo eso indica que el guerrillero ejercerá su acción en lugares agrestes y poco poblados. Y, en los lugares agrestes y poco poblados, la lucha del pueblo por sus reivindicaciones se sitúa preferentemente y hasta casi exclusivamente en el plano del cambio de la composición social de la tenencia de la tierra, es decir, el guerrillero es, fundamentalmente y antes que nada, un revolucionario agrario.

Interpreta los deseos de la gran masa campesina de ser dueña, de la tierra, dueña de los medios de producción, de sus animales, de todo aquello por lo que ha luchado durante años, de lo que constituye su vida y constituirá también su cementerio.

Por eso, en este momento especial de Cuba, los miembros del nuevo ejército que nace al triunfo desde las montañas de Oriente y del Escambray, de los llanos de Oriente y de los llanos de Camagüey, de toda Cuba, traen, como bandera de combate, la Reforma Agraria.

Es una lucha quizás tan larga como el establecimiento de la propiedad individual. Lucha que los campesinos han llevado con mejor o peor éxito a través de las épocas, pero que siempre ha tenido calor popular. Esta lucha no es patrimonio de la Revolución. La Revolución ha recogido esa bandera entre las masas populares y la ha hecho suya ahora. Pero antes, desde mucho tiempo; desde que se alzaran los vegueros de La Habana; desde que los negros trataran de conseguir su derecho a la tierra en la gran guerra de liberación de los 30 años; desde que los campesinos tomaran revolucionariamente el Realengo 18, la tierra ha sido centro de la batalla por la adquisición de un mejor modo de vida.

Esta Reforma Agraria que hoy se está haciendo, que empezó tímida en la Sierra Maestra, que se trasladó al Segundo Frente Oriental y al macizo del Escambray, que fue olvidada algún tiempo en las gavetas ministeriales y resurgió pujante con la decisión definitiva de Fidel Castro es, conviene repetirlo una vez más, quien dará la definición histórica del «26 de julio».

Este Movimiento no inventó la Reforma Agraria. La llevará a cabo. La llevará a cabo íntegramente hasta que no quede campesino sin tierra, ni tierra sin trabajar. En ese momento, quizás, el mismo Movimiento haya dejado de tener el por qué de existir, pero habrá cumplido su misión histórica. Nuestra tarea es llegar a ese punto, el futuro dirá si hay más trabajo a realizar. Guerra y población campesina

El vivir continuado en estado de guerra crea en la conciencia del pueblo una actitud mental para adaptarse a ese fenómeno nuevo. Es un largo y doloroso proceso de adaptación del individuo para poder resistir la amarga experiencia que amenaza su tranquilidad. La Sierra Maestra y otras nuevas zonas liberadas han debido pasar también por esta amarga experiencia.

La situación campesina en las zonas agrestes de la serranía era sencillamente espantosa. El colono, venido de lejanas regiones con afanes de liberación, había doblado las espaldas sobre las tumbas nuevas que arrancaba su sustento, con mil sacrificios, había hecho nacer las matas de café de las lomas empinadas donde es un sacrificio el tránsito a lo nuevo; todo con su sudor individual respondiendo al afán secular del hombre por ser dueño de su pedazo de tierra; trabajando con amor infinito ese risco hostil al que trataba como una parte de sí mismo. De pronto, cuando las matas de café empezaban a florearse con el grano que era su esperanza, aparecía un nuevo dueño de esas tierras. Era una compañía extranjera; un geófago local o algún aprovechado especulador inventaba la deuda necesaria. Los caciques políticos, los jefes de puesto trabajaban como empleados de la compañía o el geófago apresando o asesinando cualquier campesino demasiado rebelde a las arbitrariedades. Ese panorama de derrota y desolación fue el que encontramos para unirlo a la derrota, producto de nuestra inexperiencia, en la Alegría de Pío (nuestro único revés en esta larga campaña, nuestra cruenta lección de lucha guerrillera). El campesinado vio en aquellos hombres macilentos cuya barba, ahora legendaria, empezaba a aflorar, un compañero de infortunio, un nuevo golpeado por las fuerzas represivas, y nos dio su ayuda espontánea y desinteresada, sin esperar nada de los vencidos.

Pasaron los días y nuestra pequeña tropa de ya aguerridos soldados mantuvo los triunfos de La Plata y Palma Mocha. El régimen reaccionó con toda su brutalidad y el asesinato campesino se hizo en masa. El terror se desató sobre los valles agrestes de la Sierra Maestra y los campesinos retrajeron su ayuda; una barrera de mutua desconfianza asomaba entre ellos y los guerrilleros; aquéllos por el miedo a la represalia, éstos por temor al chivatazo de los timoratos. Nuestra política, no obstante, fue justa y comprensiva y la población guajira inició su viraje de retorno a nuestra causa.

La dictadura, en su desesperación y en su crimen, ordenó la reconcentración de las miles de familias guajiras de la Sierra Maestra a las ciudades. Los hombres más fuertes y decididos, casi todos los jóvenes, prefirieron la libertad y la guerra a la esclavitud y la ciudad. Largas caravanas de mujeres, niños y ancianos peregrinaron por los caminos serpenteantes donde habían nacido, bajaron al llano y fueron arrinconados en las afueras de las ciudades. Por segunda vez Cuba vivía la página más criminal de su historia: la reconcentración. Primero lo ordenó Weyler, el sanguinario espadón de la España colonial; ahora lo mandaba Fulgencio Batista, el peor de los traidores y de los asesinos que ha conocido América. El hambre, la miseria, las enfermedades, las epidemias y la muerte, diezmaron a los campesinos reconcentrados por la tiranía; allí murieron niños por falta de atención médica y de alimentación, cuando a unos pasos de ellos estaban los recursos que pudieron salvar sus vidas. La protesta indignada del pueblo cubano, el escándalo internacional y la impotencia de la dictadura en derrotar a los rebeldes, obligaron al tirano a suspender la reconcentración de las familias campesinas de la Sierra Maestra. Y otra vez volvieron a las tierras donde habían nacido, miserables, enfermos y diezmados, los campesinos de la Sierra. Si antes habían sufrido los bombardeos de la dictadura, la quema de su bohío y el asesinato en masa, ahora habían conocido la inhumanidad y barbarie de un régimen que los trató peor que la España colonial a los cubanos de la guerra independentista. Batista había superado a Weyler.

Los campesinos volvieron con una decisión inquebrantable de luchar hasta vencer o morir, rebeldes hasta la muerte o la libertad.

Nuestra pequeña guerrilla de extracción ciudadana empezó a colorearse de sombreros de yarey; el pueblo perdía el miedo, se decidía a la lucha, tomaba decididamente el camino de su redención. En este cambio coincidía nuestra política hacia el campesinado y nuestros triunfos militares que nos mostraba ya como una fuerza imbatible en la Sierra Maestra.

Puestos en la disyuntiva, todos los campesinos eligieron el camino de la Revolución. El cambio de carácter de que hablábamos antes se mostraba ahora en toda su plenitud: la guerra era un hecho, doloroso sí, pero transitorio; la guerra era un estado definitivo dentro del cual el individuo debía adaptarse para subsistir. Cuando la población campesina lo comprendió, inició las tareas para afrontar las circunstancias adversas que se presentarían.

Los campesinos volvieron a sus conucos abandonados, suspendieron el sacrificio de sus animales guardándolos para épocas peores y se adaptaron también a los ametrallamientos salvajes, creando cada familia su propio refugio individual. Se habituaron también a las periódicas fugas de las zonas de guerra, con familias, ganado y enseres, dejando al enemigo sólo el bohío para que cebaran su odio convirtiéndolo en cenizas. Se habituaron a la reconstrucción sobre las ruinas humeantes de su antigua vivienda, sin quejas, sólo con odio concentrado y voluntad de vencer.

Cuando se inició el reparto de reses para luchar contra el cerco alimenticio de la dictadura, cuidaron sus animales con amorosa solicitud y trabajaron en grupos, estableciendo de hecho cooperativas para trasladar el ganado a lugar seguro, donando también sus potreros, y sus animales de carga al esfuerzo común. En un nuevo milagro de la Revolución, el individualista acérrimo que cuidaba celosamente los límites de su propiedad y de su derecho propio, se unía, por imposición de la guerra, al gran esfuerzo común de la lucha. Pero hay un milagro más grande. Es el reencuentro del campesino cubano con su alegría habitual, dentro de las zonas liberadas. Quien ha sido testigo de los apocados cuchicheos con que nuestras fuerzas eran recibidas en cada casa campesina, nota con orgullo el clamor despreocupado, la carcajada alegre del nuevo habitante de la Sierra. Ese es el reflejo de la seguridad en sí mismo que la conciencia de su propia fuerza ha dado a los habitantes de nuestra porción liberada. Esa es nuestra tarea futura: hacer retornar al pueblo de Cuba el concepto de su propia fuerza, de la seguridad absoluta en que sus derechos individuales, respaldados por la Constitución, son su mayor tesoro. Más aún que el vuelo de las campanas, anunciará la liberación el retorno de la antigua carcajada alegre, de despreocupada seguridad que hoy ha perdido el pueblo cubano.

 

 

 

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Κονγκό (Congo)

Η Λαϊκή Δημοκρατία του Κονγκό ή αλλιώς Λαοκρατική Δημοκρατία του Κονγκό γνωστή στη γαλλική γλώσσα ως «République Démocratique du Congo» (πρώην Ζαΐρ) είναι μια χώρα της Κεντρικής Αφρικής με πληθυσμό περίπου 68.693.000 κατοίκους (εκτίμηση 2009) και έκταση 2.345.410 km². Η χώρα χαρακτηρίζεται και πήρε το όνομά της από τον μεγάλο ποταμό Κονγκό, ο οποίος με τους παραποτάμους του διασχίζει ολόκληρη τη χώρα. Καταλαμβάνει το μεγαλύτερο μέρος της λεκάνης του ποταμού Κόνγκο, ενώ προς τα ανατολικά του κλείνεται από το υδάτινο τείχος των λιμνών Ταγκανίκα, Κίβου, Εδουάρδου, Αλβέρτου κ.ά. Πρωτεύουσα του κράτους είναι η Κινσάσα.

Το Κονγκό αποτέλεσε τον δεύτερο (μετά την Κούβα και πριν τη Βολιβία) «επαναστατικό σταθμό» του Τσε Γκεβάρα, με σκοπό την οργανωτική ενίσχυση του Λαϊκού

Ο Τσε κρατάει στην αγκαλιά του ένα μικρό αφρικανάκι, Κονγκό, 1965 (ή 1966).

Απελευθερωτικού Στρατού. Ο Τσε, έχοντας το ονοματεπώνυμο Ραμόν Μπενίτεζ, έφτασε τον Απρίλιο του 1965 στη χώρα, έχοντας μαζί του δώδεκα κουβανούς πολεμιστές, και ανέλαβε να προετοιμάσει το έδαφος γιά μιά σειρά ανταρτοπολέμων στην καρδιά της Αφρικής. Σύμφωνα με τον τότε πρόεδρο της Αλγερίας, Αχμέντ Μπεν Μπέλα, ο Γκεβάρα έβλεπε την Αφρική ως τον «αδίναμο κρίκο του ιμπεριαλισμού» που είχε δυνατότητες να δημουργήσει επαναστατικά κινήματα. Ο τότε ισχυρός άνδρας του αραβικού κόσμου και πρόεδρος της Αιγύπτου, Γκαμάλ Αμπντέλ Νάσερ δεν είδε με καλό μάτι την κίνηση του Τσε (τον οποίο είχε γνωρίσει), θεωρώντας ότι η όλη προσπάθεια γιά δημιουργία επαναστατικού θύλακα στο Κονγκό θα οδηγούνταν σε αποτυχία.

Τον Τσε Γκεβάρα και τη μικρή – αρχικά – ομάδα του ενίσχυσαν περίπου 100 αφροκουβανοί στρατιώτες που ήρθαν από την Κούβα γιά να ενισχύσουν τους κονγκολέζους αντάρτες. Ο Τσε συνεργάστηκε με το Κίνημα «Σίμπα», μιά μαρξιστικών ιδεών ομάδα που είχε δημιουργηθεί λίγα χρόνια πριν. Ταυτόχρονα, η κουβανική αποστολή συνεργάστηκε με τον αφρικανό αντάρτη Λοράν Ντεζιρέ Καμπιλά, με σκοπό την ένοπλη αντιμετώπιση των δυνάμεων της δικτατορίας που είχε δολοφονήσει το νόμιμα εκλεγμένο πρόεδρο Πατρίς Λουμούμπα το 1961.

Che Guevara: General Principles of Guerrilla Warfare

1. Essence of Guerrilla Warfare

2. Guerrilla Strategy

3. Guerrilla Tactics

4. Warfare on Favorable Ground

5. Warfare on Unfavorable Ground

6. Suburban Warfare

1. Essence of Guerrilla Warfare

The armed victory of the Cuban people over the Batista dictatorship was not only the triumph of heroism as reported by the newspapers of the world; it also forced a change in the old dogmas concerning the conduct of the popular masses of Latin America. It showed plainly the capacity of the people to free themselves by means of guerrilla warfare from a government that oppresses them.
We consider that the Cuban Revolution contributed three fundamental lessons to the conduct of revolutionary movements in America. They are:
   1. Popular forces can win a war against the army.
   2. It is not necessary to wait until all conditions for making revolution exist; the insurrection can create them.
  3. In underdeveloped America the countryside is the basic area for armed fighting.
Of these three propositions the first two contradict the defeatist attitude of revolutionaries or pseudo-revolutionaries who remain inactive and take refuge in the pretext that against a professional army nothing can be done, who sit down to wait until in some mechanical way all necessary objective and subjective conditions are given without working to accelerate them. As these problems were formerly a subject of discussion in Cuba, until facts settled the question, they are probably still much discussed in America.
Naturally, it is not to be thought that all conditions for revolution are going to be created through the impulse given to them by guerrilla activity. It must always be kept in mind that there is a necessary minimum without which the establishment and consolidation of the first center is not practicable. People must see clearly the futility of maintaining the fight for social goals within the framework of civil debate. When the forces of oppression come to maintain themselves in power against established law, peace is considered already broken.
In these conditions popular discontent expresses itself in more active forms. An attitude of resistance finally crystallizes in an outbreak of fighting, provoked initially by the conduct of the authorities.
Where a government has come into power through some form of popular vote, fraudulent or not, and maintains at least an appearance of constitutional legality, the guerrilla outbreak cannot be promoted, since the possibilities of peaceful struggle have not yet been exhausted.
The third proposition is a fundamental of strategy. It ought to be noted by those who maintain dogmatically that the struggle of the masses is centered in city movements, entirely forgetting the immense participation of the country people in the life of all the underdeveloped parts of America. Of course, the struggles of the city masses of organized workers should not be underrated; but their real possibilities of engaging in armed struggle must be carefully analyzed where the guarantees which customarily adorn our constitutions are suspended or ignored. In these conditions the illegal workers’ movements face enormous dangers. They must function secretly without arms. The situation in the open country is not so difficult. There, in places beyond the reach of the repressive forces, the inhabitants can be supported by the armed guerrillas.
We will later make a careful analysis of these three conclusions that stand out in the Cuban revolutionary experience. We emphasize them now at the beginning of this work as our fundamental contribution.
Guerrilla warfare, the basis of the struggle of a people to redeem itself, has diverse characteristics, different facets, even though the essential will for liberation remains the same. It is obvious-and writers on the theme have said it many times-that war responds to a certain series of scientific laws; whoever ignores them will go down to defeat. Guerrilla warfare as a phase of war must be ruled by all of these; but besides, because of its special aspects, a series of corollary laws must also be recognized in order to carry it forward. Though geographical and social conditions in each country determine the mode and particular forms that guerrilla warfare will take, there are general laws that hold for all fighting of this type.
Our task at the moment is to find the basic principles of this kind of fighting and the rules to be followed by peoples seeking liberation; to develop theory from facts; to generalize and give structure to our experience for the profit of others.
Let us first consider the question: Who are the combatants in guerrilla warfare? On one side we have a group composed of the oppressor and his agents, the professional army, well armed and disciplined, in many cases receiving foreign help as well as the help of the bureaucracy in the employ of the oppressor. On the other side are the people of the nation or region involved. It is important to emphasize that guerrilla warfare is a war of the masses, a war of the people. The guerrilla band is an armed nucleus, the fighting vanguard of the people. It draws its great force from the mass of the people themselves. The guerrilla band is not to be considered inferior to the army against which it fights simply because it is inferior in firepower. Guerrilla warfare is used by the side which is supported by a majority but which possesses a much smaller number of arms for use in defense against oppression.
The guerrilla fighter needs full help from the people of the area. This is an indispensable condition. This is clearly seen by considering the case of bandit gangs that operate in a region. They have all the characteristics of a guerrilla army: homogeneity, respect for the leader, valor, knowledge of the ground, and, often, even good understanding of the tactics to be employed. The only thing missing is support of the people; and, inevitably, these gangs are captured and exterminated by the public force.
Analyzing the mode of operation of the guerrilla band, seeing its form of struggle, and understanding its base in the masses, we can answer the question: Why does the guerrilla fighter fight? We must come to the inevitable conclusion that the guerrilla fighter is a social reformer, that he takes up arms responding to the angry protest of the people against their oppressors, and that he fights in order to change the social system that keeps all his unarmed brothers in ignominy and misery. He launches himself against the conditions of the reigning institutions at a particular moment and dedicates himself with all the vigor that circumstances permit to breaking the mold of these institutions.
When we analyze more fully the tactic of guerrilla warfare, we will see that the guerrilla fighter needs to have a good knowledge of the surrounding countryside, the paths of entry and escape, the possibilities of speedy maneuver, good hiding places; naturally, also, he must count on the support of the people. All this indicates that the guerrilla fighter will carry out his action in wild places of small population. Since in these places the struggle of the people for reforms is aimed primarily and almost exclusively at changing the social form of land ownership, the guerrilla fighter is above all an agrarian revolutionary. He interprets the desires of the great peasant mass to be owners of land, owners of their means of production, of their animals, of all that which they have long yearned to call their own, of that which constitutes their life and will also serve as their cemetery.
It should be noted that in current interpretations there are two different types of guerrilla warfare, one of which-a struggle complementing great regular armies such as was the case of the Ukrainian fighters in the Soviet Union-does not enter into this analysis. We are interested in the other type, the case of an armed group engaged in struggle against the constituted power, whether colonial or not, which establishes itself as the only base and which builds itself up in rural areas. In all such cases, whatever the ideological aims that may inspire the fight, the economic aim is determined by the aspiration toward ownership of land.
The China of Mao begins as an outbreak of worker groups in the South, which is defeated and almost annihilated. It succeeds in establishing itself and begins its advance only when, after the long march from Yenan, it takes up its base in rural territories and makes agrarian reform its fundamental goal. The struggle of Ho Chi Minh is based in the rice-growing peasants, who are oppressed by the French colonial yoke; with this force it is going forward to the defeat of the colonialists. In both cases there is a framework of patriotic war against the Japanese invader, but the economic basis of a fight for the land has not disappeared. In the case of Algeria, the grand idea of Arab nationalism has its economic counterpart in the fact that nearly all of the arable land of Algeria is utilized by a million French settlers. In some countries, such as Puerto Rico, where the special conditions of the island have not permitted a guerrilla outbreak, the nationalist spirit, deeply wounded by the discrimination that is daily practiced, has as its basis the aspiration of the peasants (even though many of them are already a proletariat) to recover the land that the Yankee invader seized from them. This same central idea, though in different forms, inspired the small farmers, peasants, and slaves of the eastern estates of Cuba to close ranks and defend together the right to possess land during the thirty-year war of liberation.
Taking account of the possibilities of development of guerrilla warfare, which is transformed with the increase in the operating potential of the guerrilla band into a war of positions, this type of warfare, despite its special character, is to be considered as an embryo, a prelude, of the other. The possibilities of growth of the guerrilla band and of changes in the mode of fight, until conventional warfare is reached, are as great as the possibilities of defeating the enemy in each of the different battles, combats, or skirmishes that take place. Therefore, the fundamental principle is that no battle, combat, or skirmish is to be fought unless it will be won. There is a malevolent definition that says: «The guerrilla fighter is the Jesuit of warfare.» By this is indicated a quality of secretiveness, of treachery, of surprise that is obviously an essential element of guerrilla warfare. It is a special kind of Jesuitism, naturally prompted by circumstances, which necessitates acting at certain moments in ways different from the romantic and sporting conceptions with which we are taught to believe war is fought.
War is always a struggle in which each contender tries to annihilate the other. Besides using force, they will have recourse to all possible tricks and stratagems in order to achieve the goal. Military strategy and tactics are a representation by analysis of the objectives of the groups and of the means of achieving these objectives. These means contemplate taking advantage of all the weak points of the enemy. The fighting action of each individual platoon in a large army in a war of positions will present the same characteristics as those of the guerrilla band. It uses secretiveness, treachery, and surprise; and when these are not present, it is because vigilance on the other side prevents surprise. But since the guerrilla band is a division unto itself, and since there are large zones of territory not controlled by the enemy, it is always possible to carry out guerrilla attacks in such a way as to assure surprise; and it is the duty of the guerrilla fighter to do so.
«Hit and run,» some call this scornfully, and this is accurate. Hit and run, wait, lie in ambush, again hit and run, and thus repeatedly, without giving any rest to the enemy. There is in all this, it would appear, a negative quality, an attitude of retreat, of avoiding frontal fights. However, this is consequent upon the general strategy of guerrilla warfare, which is the same in its ultimate end as is any warfare: to win, to annihilate the enemy.
Thus, it is clear that guerrilla warfare is a phase that does not afford in itself opportunities to arrive at complete victory. It is one of the initial phases of warfare and will develop continuously until the guerrilla army in its steady growth acquires the characteristics of a regular army. At that moment it will be ready to deal final blows to the enemy and to achieve victory. Triumph will always be the product of a regular army, even though its origins are in a guerrilla army.
Just as the general of a division in a modern war does not have to die in front of his soldiers, the guerrilla fighter, who is general of himself, need not die in every battle. He is ready to give his life, but the positive quality of this guerrilla warfare is precisely that each one of the guerrilla fighters is ready to die, not to defend an ideal, but rather to convert it into reality. This is the basis, the essence of guerrilla fighting. Miraculously, a small band of men, the armed vanguard of the great popular force that supports them, goes beyond the immediate tactical objective, goes on decisively to achieve an ideal, to establish a new society, to break the old molds of the outdated, and to achieve, finally, the social justice for which they fight.
Considered thus, all these disparaged qualities acquire a true nobility, the nobility of the end at which they aim; and it becomes clear that we are not speaking of distorted means of reaching an end. This fighting attitude, this attitude of not being dismayed at any time, this inflexibility when confronting the great problems in the final objective is also the nobility of the guerrilla fighter.

2. Guerrilla Strategy

    In guerrilla terminology, strategy is understood as the analysis of the objectives to be achieved in light of the total military situation and the overall ways of reaching these objectives.
To have a correct strategic appreciation from the point of view of the guerrilla band, it is necessary to analyze fundamentally what will be the enemy’s mode of action. If the final objective is always the complete destruction of the opposite force, the enemy is confronted in the case of a civil war of this kind with the standard task: he will have to achieve the total destruction of each one of the components of the guerrilla band. The guerrilla fighter, on the other hand, must analyze the resources which the enemy has for trying to achieve that outcome: the means in men, in mobility, in popular support, in armaments, in capacity of leadership on which he can count. We must make our own strategy adequate on the basis of these studies, keeping in mind always the final objective of defeating the enemy army.
There are fundamental aspects to be studied: the armament, for example, and the manner of using this armament. The value of a tank, of an airplane, in a fight of this type must be weighed. The arms of the enemy, his ammunition, his habits must be considered; because the principal source of provision for the guerrilla force is precisely in enemy armaments. If there is a possibility of choice, we should prefer the same type as that used by the enemy, since the greatest problem of the guerrilla band is the lack of ammunition, which the opponent must provide.
After the objectives have been fixed and analyzed, it is necessary to study the order of the steps leading to the achievement of the final objective. This should be planned in advance, even though it will be modified and adjusted as the fighting develops and unforeseen circumstances arise.
At the outset, the essential task of the guerrilla fighter is to keep himself from being destroyed. Little by little it will be easier for the members of the guerrilla band or bands to adapt themselves to their form of life and to make flight and escape from the forces that are on the offensive an easy task, because it is performed daily. When this condition is reached, the guerrilla, having taken up inaccessible positions out of reach of the enemy, or having assembled forces that deter the enemy from attacking, ought to proceed to the gradual weakening of the enemy. This will be carried out at first at those points nearest to the points of active warfare against the guerrilla band and later will be taken deeper into enemy territory, attacking his communications, later attacking or harassing his bases of operations and his central bases, tormenting him on all sides to the full extent of the capabilities of the guerrilla forces.
The blows should be continuous. The enemy soldier in a zone of operations ought not to be allowed to sleep; his outposts ought to be attacked and liquidated systematically. At every moment the impression ought to be created that he is surrounded by a complete circle. In wooded and broken areas this effort should be maintained both day and night; in open zones that are easily penetrated by enemy patrols, at night only. In order to do all this the absolute cooperation of the people and a perfect knowledge of the ground are necessary. These two necessities affect every minute of the life of the guerrilla fighter. Therefore, along with centers for study of present and future zones of operations, intensive popular work must be undertaken to explain the motives of the revolution, its ends, and to spread the incontrovertible truth that victory of the enemy against the people is finally impossible. Whoever does not feel this undoubted truth cannot be a guerrilla fighter.
This popular work should at first be aimed at securing secrecy; that is, each peasant, each member of the society in which action is taking place, will be asked not to mention what he sees and hears; later, help will be sought from inhabitants whose loyalty to the revolution offers greater guarantees; still later, use will be made of these persons in missions of contact, for transporting goods or arms, as guides in the zones familiar to them; still later, it is possible to arrive at organized mass action in the centers of work, of which the final result will be the general strike.
The strike is a most important factor in civil war, but in order to reach it a series of complementary conditions are necessary which do not always exist and which very rarely come to exist spontaneously. It is necessary to create these essential conditions, basically by explaining the purposes of the revolution and by demonstrating the forces of the people and their possibilities.
It is also possible to have recourse to certain very homogeneous groups, which must have shown their efficacy previously in less dangerous tasks, in order to make use of another of the terrible arms of the guerrilla band, sabotage. It is possible to paralyze entire armies, to suspend the industrial life of a zone, leaving the inhabitants of a city without factories, without light, without water, without communications of any kind, without being able to risk travel by highway except at certain hours. If all this is achieved, the morale of the enemy falls, the morale of his combatant units weakens, and the fruit ripens for plucking at a precise moment.
All this presupposes an increase in the territory included within the guerrilla action, but an excessive increase of this territory is to be avoided. It is essential always to preserve a strong base of operations and to continue strengthening it during the course of the war. Within this territory, measures of indoctrination of the inhabitants of the zone should be utilized; measures of quarantine should be taken against the irreconcilable enemies of the revolution; all the purely defensive measures, such as trenches, mines, and communications, should be perfected.
When the guerrilla band has reached a respectable power in arms and in number of combatants, it ought to proceed to the formation of new columns. This is an act similar to that of the beehive when at a given moment it releases a new queen, who goes to another region with a part of the swarm. The mother hive with the most notable guerrilla chief will stay in the less dangerous places, while the new columns will penetrate other enemy territories following the cycle already described.
A moment will arrive in which the territory occupied by the columns is too small for them; and in the advance toward regions solidly defended by the enemy, it will be necessary to confront powerful forces. At that instant the columns join, they offer a compact fighting front, and a war of positions is reached, a war carried on by regular armies. However, the former guerrilla army cannot cut itself off from its base, and it should create new guerrilla bands behind the enemy acting in the same way as the original bands operated earlier, proceeding thus to penetrate enemy territory until it is dominated.
It is thus that guerrillas reach the stage of attack, of the encirclement of fortified bases, of the defeat of reinforcements, of mass action, ever more ardent, in the whole national territory, arriving finally at the objective of the war: victory.

Σιέρρα Μαέστρα (Sierra Maestra)

Το όνομα της Σιέρρα Μαέστρα (Sierra Maestra) είναι άρρηκτα συνδεδεμένο με την Κουβανική Επανάσταση και, επομένως, με τον ίδιο τον Τσε. Η οροσειρά που βρίσκεται στα δυτικά της επαρχίας Οριέντε, στο νότιο άκρο της Κούβας, έχει υπάρξει μάρτυρας σημαντικών ανταρτοπολέμων – από τον Πόλεμο των Δέκα Ετών επί ισπανικής αποικιοκρατίας στα μέσα του 19ου αιώνα μέχρι τον αγώνα γιά την Κουβανική ανεξαρτησία και φυσικά τη δράση του Επαναστατικού Κινήματος της 26ης Ιουλίου ενάντια στο καθεστώς Μπατίστα. Στις δύσβατες βουνοπλαγιές της Σιέρρα Μαέστρα ο Φιντέλ Κάστρο και οι σύντροφοι του οργάνωσαν τον αντάρτικο αγώνα ενάντια στα στρατεύματα της Κουβανικής δικτατορίας, δίνοντας μιά θρυλική – ιστορικής σημασίας – διάσταση στα απόκρυμνα δάση της επαρχίας Οριέντε.

Το υψηλότερο σημείο της οροσειράς είναι το Πίκο Τουρκίνο φτάνοντας τα 1.974 μέτρα. Στην κορυφή υπάρχει προτομή του πρωτεργάτη της Κουβανικής ανεξαρτησίας, Χοσέ Μαρτί. Η γύρω περιοχή από το Πίκο Τουρκίνο αποτελεί Εθνικό Πάρκο εκτάσεως περίπου 230 τετραγωνικών χιλιομέτρων.