El socialismo y el hombre en Cuba

Estimado compañero *:

Acabo estas notas en viaje por África, animado del deseo de cumplir, aunque tardíamente, mi promesa. Quisiera hacerlo tratando el tema del título. Creo que pudiera ser interesante para los lectores uruguayos.

Es común escuchar de boca de los voceros capitalistas, como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, la afirmación de que este sistema social o el período de construcción del socialismo al que estamos nosotros abocados, se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado. No pretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hechos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general. Primero esbozaré a grandes rasgos la historia de nuestra lucha revolucionaria antes y después de la toma del poder.

Como es sabido, la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminaron el primero de enero de 1959, fue el 26 de julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el cuartel Moncada, en la provincia de Oriente. El ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria.

Durante este proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.

Llego la etapa de la lucha guerrillera. Esta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor de la movilización, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo fue el factor fundamental. Cada uno de los combatientes de la Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber. En base a estos lograba sus grados.

Fue la primera época heroica, en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbra al hombre del futuro.

En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria. Durante la Crisis de Octubre o en los días del ciclón Flora, vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo un pueblo. Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico.

En enero de 1959 se estableció el gobierno revolucionario con la participación en él de varios miembros de la burguesía entreguista. La presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía de poder, como factor fundamental de fuerza.

Se produjeron enseguida contradicciones seria, resueltas, en primera instancia, en febrero del 59, cuando Fidel Castro asumió la jefatura de gobierno con el cargo de primer ministro. Culminaba el proceso en julio del mismo año, al renunciar el presidente Urrutia ante la presión de las masas.

Aparecía en la historia de la Revolución Cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetirá sistemáticamente: la masa.

Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño. Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas.

La masa participó en la reforma agraria y en el difícil empeño de la administración de las empresas estatales; pasó por la experiencia heroica de Playa Girón; se forjó en las luchas contra las distintas bandas de bandidos armadas por la CIA; vivió una de las definiciones más importantes de los tiempos modernos en la Crisis de Octubre y sigue hoy trabajando en la construcción del socialismo.

Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquellos que hablan de supeditación del individuo al Estado, la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etcétera. La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el partido y el gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento.

Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar. Así sucedió en marzo de 1962 ante una política sectaria impuesta al partido por Aníbal Escalante.

Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con las masas. Debemos mejorarla durante el curso de los próximos años pero, en el caso de las iniciativas surgidas de estratos superiores del gobierno utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados.

Maestro en ello es Fidel, cuyo particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y victoria.

Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.

En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En esta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino.

Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ese es un tema que sale de la intención de estas notas.)

De todos modos, se muestra el camino con escollos que aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros.

Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad.

Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.

El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación.

La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.

En el esquema de Marx se concebía el período de transición como resultado de la transformación explosiva del sistema capitalista destrozado por sus contradicciones; en la realidad posterior se ha visto cómo se desgajan del árbol imperialista algunos países que constituyen ramas débiles, fenómeno previsto por Lenin. En estos, el capitalismo se ha desarrollado lo suficiente como para hacer sentir sus efectos, de un modo u otro, sobre el pueblo, pero no son sus propias contradicciones las que, agotadas todas las posibilidades, hacen saltar el sistema. La lucha de liberación contra un opresor externo, la miseria provocada por accidentes extraños, como la guerra, cuyas consecuencias hacen recaer las clases privilegiadas sobre los explotados, los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento. La acción consciente hace el resto.

En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados» por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande.

Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.

De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social.

Como ya dije, en momentos de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela.

Las grandes líneas del fenómeno son similares al proceso de formación de la conciencia capitalista en su primera época. El capitalismo recurre a la fuerza, pero, además, educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha.

A continuación viene la esperanza, y en esto se diferencia de los anteriores regímenes de casta que no daban salida posible.

Para algunos continuará vigente todavía la fórmula de casta: el premio a los obedientes consiste en el arribo, después de la muerte, a otros mundos maravillosos donde los buenos son los premiados, con lo que se sigue la vieja tradición. Para otros, la innovación; la separación en clases es fatal, pero los individuos pueden salir de aquella a que pertenecen mediante el trabajo, la iniciativa, etcétera. Este proceso, y el de autoeducación para el triunfo, deben ser profundamente hipócritas: es la demostración interesada de que una mentira es verdad.

En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor. La explicación es convincente porque es verdadera; no precisa de subterfugios. Se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparto de divulgación del partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra.

Pero el proceso es consciente; el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecta, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca.

En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma.

Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero esta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista.

El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo.

A pesar de la importancia dada a los estímulos morales, el hecho de que exista la división en dos grupos principales (excluyendo, claro está, a la fracción minoritaria de los que no participan, por una razón u otra en la construcción del socialismo), indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social. El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; esta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que le permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos sólo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también individualmente, sobre la clase vencedora.

Todo esto entraña, para su éxito total, la necesidad de una serie de mecanismos, las instituciones revolucionarias. En la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro, encaja el concepto de institucionalización como el de un conjunto armónico de canales, escalones, represas, aparatos bien aceitados que permitan esa marcha, que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudiquen el premio y el castigo a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción.

Esta institucionalidad de la Revolución todavía no se ha logrado. Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo). Se han hecho algunas experiencias dedicadas a crear paulatinamente la institucionalización de la Revolución, pero sin demasiada prisa. El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación.

No obstante la carencia de instituciones, lo que debe superarse gradualmente, ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa. El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor.

Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total consciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas todas las cadenas de la enajenación.

Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte.

Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo. Empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado. Esto ya no entraña dejar una parte de su ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social.

Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía.

Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aún cuando sea necesario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel). Todavía le falta el lograr la completa recreación espiritual ante su propia obra, sin la presión directa del medio social, pero ligado a él por los nuevos hábitos. Esto será el comunismo.

El cambio no se produce automáticamente en la conciencia, como no se produce tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son rítmicas; hay períodos de aceleración, otros pausados e incluso, de retroceso.

Debemos considerar, además como apuntáramos antes, que no estamos frente al período de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino de una nueva fase no prevista por él; primer período de transición del comunismo o de la construcción del socialismo. Este transcurre en medio de violentas luchas de clase y con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la comprensión cabal de su esencia.

Si a esto de agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance.

La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica. En ambos aspectos nos falta mucho por hacer, pero es menos excusable el atraso en cuanto a la concepción de la técnica como base fundamental, ya que aquí no se trata de avanzar a ciegas sino de seguir durante un buen tramo el camino abierto por los países más adelantados del mundo. Por ello Fidel machaca con tanta insistencia sobre la necesidad de la formación tecnológica y científica de todo nuestro pueblo y más aún, de su vanguardia.

En el campo de las ideas que conducen a actividades no productivas, es más fácil ver la división entre la necesidad material y espiritual. Desde hace mucho tiempo el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. Muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía para resucitar en su creación espiritual. pero este remedio porta los gérmenes de la misma enfermedad.: es un ser solitario el que busca comunión con la naturaleza. Defiende su individualidad oprimida por el medio y reacciona ante las ideas estéticas como un ser único cuya aspiración es permanecer inmaculado.

Se trata sólo de un intento de fuga. La ley del valor no es ya un mero reflejo de las relaciones de producción; los capitalistas monopolistas la rodean de un complicado andamiaje que la convierte en una sierva dócil, aún cuando los métodos que emplean sean puramente empíricos. La superestructura impone un tipo de arte en el cual hay que educar a los artistas. Los rebeldes son dominados por la maquinaria y sólo los talentos excepcionales podrán crear su propia obra. Los restantes devienen asalariados vergonzantes o son triturados.

Se inventa la investigación artística a la que se da como definitoria de la libertad, pero esta «investigación» tiene sus límites imperceptibles hasta el momento de chocar con ellos, vale decir, de plantearse los reales problemas del hombre y su enajenación. La angustia sin sentido o el pasatiempo vulgar constituyen válvulas cómodas a la inquietud humana; se combate la idea de hacer del arte un arma de denuncia.

Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible.

Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales; los demás, revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo, las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia.

En países que pasaron por un proceso similar se pretendió combatir estas tendencias con un dogmatismo exagerado. La cultura general se convirtió casi en un tabú y se proclamó el summum de la aspiración cultural, una representación formalmente exacta de la naturaleza, convirtiéndose ésta, luego, en una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear.

El socialismo es joven y tiene errores.

Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarias para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y los métodos convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó. (Otra vez se plantea el tema de la relación entre forma y contenido.) La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben. No hay artistas de gran autoridad que, a su vez, tengan gran autoridad revolucionaria. Los hombres del Partido deben tomar esa tarea entre las manos y buscar el logro del objetivo principal: educar al pueblo.

Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce al problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado.

Pero el arte realista del siglo XIX, también es de clase, más puramente capitalista, quizás, que este arte decadente del siglo XX, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado. El capitalismo en cultura ha dado todo de sí y no queda de él sino el anuncio de un cadáver maloliente en arte, su decadencia de hoy. Pero, ¿por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida? No se puede oponer al realismo socialista «la libertad», porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas la formas de arte posteriores a la primer mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy.

Falta el desarrollo de un mecanismo ideológico cultural que permita la investigación y desbroce la mala hierba, tan fácilmente multiplicable en el terreno abonado de la subvención estatal.

En nuestro país, el error del mecanicismo realista no se ha dado, pero sí otro signo de contrario. Y ha sido por no comprender la necesidad de la creación del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente éste es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo-leninismo, a la causa de la humanidad. La reacción contra el hombre del siglo XIX nos ha traído la reincidencia en el decadentismo del siglo XX; no es un error demasiado grave, pero debemos superarlo, so pena de abrir un ancho cauce al revisionismo.

Las grandes multitudes se van desarrollando, las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha, el futuro es nuestro.

Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.

En nuestra sociedad, juegan un papel la juventud y el Partido.

Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores.

Ella recibe un trato acorde con nuestras ambiciones. Su educación es cada vez más completa y no olvidamos su integración al trabajo desde los primeros instantes. Nuestros becarios hacen trabajo físico en sus vacaciones o simultáneamente con el estudio. El trabajo es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación, en otros, jamás un castigo. Una nueva generación nace.

El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el trabajo. El Partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas, al fin de la tarea revolucionaria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo…

Quisiera explicar ahora el papel que juega la personalidad, el hombre como individuo de las masas que hacen la historia. Es nuestra experiencia no una receta.

Fidel dio a la Revolución el impulso en los primeros años, la dirección, la tónica siempre, peros hay un buen grupo de revolucionarios que se desarrollan en el mismo sentido que el dirigente máximo y una gran masa que sigue a sus dirigente porque les tiene fe; y les tiene fe, porque ellos han sabido interpretar sus anhelos.

No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad. El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio; conoce el sacrificio. Los primeros lo conocieron en la Sierra Maestra y dondequiera que se luchó; después lo hemos conocido en toda Cuba. Cuba es la vanguardia de América y debe hacer sacrificios porque ocupa el lugar de avanzada, porque indica a las masas de América Latina el camino de la libertad plena.

Dentro del país, los dirigentes tienen que cumplir su papel de vanguardia; y, hay que decirlo con toda sinceridad, en una revolución verdadera a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa.

Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas son que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.

Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella.

En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

El revolucionario, motor ideológico de la revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala loca y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo.

Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción.

En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario.

Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna —no nos avergüenza ni nos intimida decirlo— va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su conjunto sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad.

Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, en lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto.

Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América. Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.

Permítame intentar unas conclusiones:

Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres.

El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje; los crearemos.

Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio.

Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos.
El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos.

Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica.

La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta.

Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido.

La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.

Si esta carta balbuceante aclara algo, ha cumplido el objetivo con que la mando.

Reciba nuestro saludo ritual, como un apretón de manos o un «Ave María Purísima»:
Patria o muerte!

* Carlos Quijano, editor del semanario uruguayo, Marcha, quien publica la carta en la edición del 12 de marzo de 1965.

Κίνημα της 26ης Ιουλίου (M-26-7)

Το Κίνημα της 26ης Ιουλίου (Movimiento 26 de Julio) αποτέλεσε την επαναστατική συλλογικότητα που, υπό την ηγεσία του Φιντέλ Κάστρο, ανέτρεψε το 1959 τον κουβανό δικτάτορα Φουλχένσιο Μπατίστα. Η ονομασία του προέρχεται από την αποτυχημένη απόπειρα ανταρτών στο στρατόπεδο Μονκάδα στις 26 Ιουλίου 1956 – στην επιχείρηση αρκετοί αντάρτες σκοτώθηκαν ενώ άλλοι φυλακίστηκαν, μεταξύ των οποίων και ο Φιντέλ. Η ουσιαστική του διαμόρφωση έλαβε χώρα στο Μεξικό, όπου ο Κάστρο και ένας ολοένα αυξανόμενος αριθμός εξόριστων κουβανών και λοιπών λατινοαμερικάνων προετοίμασαν την απόβαση στο νησί, με τελικό στόχο την ανατροπή της δικτατορίας.

Στην Πόλη του Μεξικού ο Ερνέστο Γκεβάρα ήρθε σε επαφή με τους αδελφούς Κάστρο και εντάχθηκε στο Κίνημα, όντας αποφασισμένος να ενισχύσει με όλες του τις δυνάμεις τον σκοπό της Επανάστασης. Στις 25 Νοεμβρίου 1956, 82 αντάρτες επιβιβάστηκαν στο πλοιάριο Γκράνμα με προορισμό τις κουβανικές ακτές. Στην Κούβα δραστηριοποιούνταν ήδη μέλη του Κινήματος (όπως ο Φρανκ Παϊς, η Σέλια Σάντσες και ο Αρμάνδο Χαρτ) που ανέμεναν τις ενισχύσεις των εξόριστων επαναστατών.

Το χρώμα του συμβόλου του Μ-26-7 ήταν το κόκκινο και το μαύρο. Αφότου επιτεύχθηκε η πτώση της δικτατορίας το 1959 το Κίνημα συνενώθηκε με άλλες ριζοσπαστικές ομάδες σχηματίζοντας, το 1961, τις Ενωμένες Επαναστατικές Οργανώσεις, γνωστές ως ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas). Το 1965, ως απότοκος των διεργασιών της επαναστατικής κυβέρνησης ιδρύθηκε το Κομμουνιστικό Κόμμα της Κούβας (PCC).

Ο Τσε με την κόρη του Ιλντίτα-Μπεατρίς

Η Ιλντίτα Μπεατρίς Γκεβάρα, κόρη του Τσε και της πρώτης του συζύγου Ίλντα Γκαντέα, γεννήθηκε τον Φεβρουάριο του 1956. Πέθανε το 1995 στην Κούβα, σε ηλικία 39 ετών, νικημένη από την επάρατη νόσο.

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Contra el burocratismo

Cuba Socialista, February 1963. Courtesy by Biblioteca de Textos Marxistas.

Nuestra Revolución fue, en esencia, el producto de un movimiento guerrillero que inició la lucha armada contra la tiranía y la cristalizó en la toma del poder. Los primeros pasos como Estado Revolucionario, así como toda la primitiva época de nuestra gestión en el gobierno, estaban fuertemente teñidos de los elementos fundamentales de la táctica guerrillera como forma de administración estatal. El «guerrillerismo» repetía la experiencia de la lucha armada de las sierras y los campos de Cuba en las distintas organizaciones administrativas y de masas, y se traducía en que solamente las grandes consignas revolucionarias eran seguidas (y muchas veces interpretadas en distintas maneras) por los organismos de la administración y de la sociedad en general. La forma de resolver los problemas concretos estaba sujeta al libre arbitrio de cada uno de los dirigentes.

Por ocupar todo el complejo aparato de la sociedad, los campos de acción de las «guerrillas administrativas» chocaban entre sí, produciéndose continuos roces, órdenes y contraórdenes, distintas interpretaciones de las leyes, que llegaban, en algunos casos, a la réplica contra las mismas por parte de organismos que establecían sus propios dictados en forma de decretos, haciendo caso omiso del aparato central de dirección. Después de un año de dolorosas experiencias llegamos a la conclusión de que era imprescindible modificar totalmente nuestro estilo de trabajo y volver a organizar el aparato estatal de un modo racional, utilizando las técnicas de la planificación conocidas en los hermanos países socialistas.

Como contra medida, se empezaron a organizar los fuertes aparatos burocráticos que caracterizan esta primera época de construcción de nuestro Estado socialista, pero el bandazo fue demasiado grande y toda una serie de organismos, entre los que se incluye el Ministerio de Industrias, iniciaron una política de centralización operativa, frenando exageradamente la iniciativa de los administradores. Este concepto centralizador se explica por la escasez de cuadros medios y el espíritu anárquico anterior, lo que obligaba a un celo enorme en las exigencias de cumplimiento de las directivas. Paralelamente, la falta de aparatos de control adecuados hacía difícil la correcta localización a tiempo de las fallas administrativas, lo que amparaba el uso de la «libreta». De esta manera, los cuadros más conscientes y los más tímidos frenaban sus impulsos para atemperarlos a la marcha del lento engranaje de la administración, mientras otros campeaban todavía por sus respetos, sin sentirse obligados a acatar autoridad alguna, obligando a nuevas medidas de control que paralizaran su actividad. Así comienza a padecer nuestra Revolución el mal llamado burocratismo.

El burocratismo, evidentemente, no nace con la sociedad socialista ni es un componente obligado de ella. La burocracia estatal existía en la época de los regímenes burgueses con su cortejo de prebendas y de lacayismo, ya que a la sombra del presupuesto medraba un gran número de aprovechados que constituían la «corte» del político de turno. En una sociedad capitalista, donde todo el aparato del Estado está puesto al servicio de la burguesía, su importancia como órgano dirigente es muy pequeña y lo fundamental resulta hacerlo lo suficientemente permeable como para permitir el tránsito de los aprovechados y lo suficientemente hermético como para apresar en sus mallas al pueblo.

Dado el peso de los «pecados originales» yacentes en los antiguos aparatos administrativos y las situaciones creadas con posterioridad al triunfo de la Revolución, el mal del burocratismo comenzó a desarrollarse con fuerza. Si fuéramos a buscar sus raíces en el momento actual, agregaríamos a causas viejas nuevas motivaciones, encontrando tres razones fundamentales. Una de ellas es la falta de motor interno. Con esto queremos decir, la falta de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada. Se basa en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal.

Se puede establecer una relación directa y obvia entre la falta de motor interno y la falta de interés por resolver los problemas. En este caso, ya sea que esta falla del motor ideológico se produzca por una carencia absoluta de convicción o por cierta dosis de desesperación frente a problemas repetidos que no se pueden resolver, el individuo, o grupo de individuos, se refugian en el burocratismo, llenan papeles, salvan su responsabilidad y establecen la defensa escrita para seguir vegetando o para defenderse de la irresponsabilidad de otros.

Otra causa es la falta de organización. Al pretender destruir el «guerrillerismo» sin tener la suficiente experiencia administrativa, se producen disloques, cuellos de botellas, que frenan innecesariamente el flujo de las informaciones de las bases y de las instrucciones u órdenes emanadas de los aparatos centrales. A veces éstas, o aquellas, toman rumbos extraviados y, otras, se traducen en indicaciones mal vertidas, disparatadas, que contribuyen más a la distorsión.

La falta de organización tiene como característica fundamental la falla en los métodos para encarar una situación dada. Ejemplos podemos ver en los Ministerios, cuando se quiere resolver problemas a otros niveles que el adecuado o cuando éstos se tratan por vías falsas y se pierden en el laberinto de los papeles. El burocratismo es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar con la solución. Es frecuente observar cómo la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es el solicitar más personal para realizar una tarea cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario.

No debemos nunca olvidar, para hacer una sana autocrítica, que la dirección económica de la Revolución es la responsable de la mayoría de los males burocráticos: los aparatos estatales no se desarrollaron mediante un plan único y con sus relaciones bien estudiadas, dejando amplio margen a la especulación sobre los métodos administrativos. El aparato central de la economía, la Junta Central de Planificación, no cumplió su tarea de conducción y no la podía cumplir, pues no tenía la autoridad suficiente sobre los organismos, estaba incapacitada para dar órdenes precisas en base a un sistema único y con el adecuado control y le faltaba imprescindible auxilio de un plan perspectivo. La centralización excesiva sin una organización perfecta frenó la acción espontánea sin el sustituto de la orden correcta y a tiempo. Un cúmulo de decisiones menores limitó la visión de los grandes problemas y la solución de todos ellos se estancó, sin orden ni concierto. Las decisiones de última hora, a la carrera y sin análisis, fueron la característica de nuestro trabajo.

La tercera causa, muy importante, es la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo. Al no poder hacerlo, deben reunirse muchas experiencias de pequeño valor y tratar de extraer de allí una conclusión. Las discusiones suelen volverse interminables, sin que ninguno de los expositores tenga la autoridad suficiente como para imponer su criterio. Después de una, dos, unas cuantas reuniones, el problema sigue vigente hasta que se resuelva por sí solo o hay que tomar una resolución cualquiera, por mala que sea.

La falta casi total de conocimientos, suplida como dijimos antes por una larga serie de reuniones, configura el «reunionismo», que se traduce fundamentalmente en falta de perspectiva para resolver los problemas. En estos casos, el burocratismo, es decir, el freno de los papeles y de las indecisiones al desarrollo de la sociedad, es el destino de los organismos afectados.

Estas tres causas fundamentales influyen, una a una o en distintas conjugaciones, en menor o mayor proporción, en toda la vida institucional del país, y ha llegado el momento de romper con sus malignas influencias. Hay que tomar medidas concretas para agilizar los aparatos estatales, de tal manera que se establezca un rígido control central que permita tener en las manos de la dirección las claves de la economía y libere al máximo la iniciativa, desarrollando sobre bases lógicas las relaciones de las fuerzas productivas.

Si conocemos las causas y los efectos del burocratismo, podemos analizar exactamente las posibilidades de corregir el mal. De todas las causas fundamentales, podemos considerar a la organización como nuestro problema central y encararla con todo el rigor necesario. Para ello debemos modificar nuestro estilo de trabajo; jerarquizar los problemas adjudicando a cada organismo y cada nivel de decisión su tarea; establecer las relaciones concretas entre cada uno de ellos y los demás, desde el centro de decisión económica hasta la última unidad administrativa y las relaciones entre sus distintos componentes, horizontalmente, hasta formar el conjunto de las relaciones de la economía. Esa es la tarea más asequible a nuestras fuerzas actualmente, y nos permitirá, como ventaja adicional encaminar hacia otros frentes a una gran cantidad de empleados innecesarios, que no trabajan, realizan funciones mínimas o duplican las de otros sin resultado alguno.

Simultáneamente, debemos desarrollar con empeño un trabajo político para liquidar las faltas de motivaciones internas, es decir, la falta de claridad política, que se traduce en una falta de ejecutividad. Los caminos son: la educación continuada mediante la explicación concreta de las tareas, mediante la inculcación del interés a los empleados administrativos por su trabajo concreto, mediante el ejemplo de los trabajadores de vanguardia, por una parte, y las medidas drásticas de eliminar al parásito, ya sea el que esconde en su actitud una enemistad profunda hacia la sociedad socialista o al que está irremediablemente reñido con el trabajo.

Por último, debemos corregir la inferioridad que significa la falta de conocimientos. Hemos iniciado la gigantesca tarea de transformar la sociedad de una punta a la otra en medio de la agresión imperialista, de un bloqueo cada vez más fuerte, de un cambio completo en nuestra tecnología, de agudas escaseces de materias primas y artículos alimenticios y de una fuga en masa de los pocos técnicos calificados que tenemos. En esas condiciones debemos plantearnos un trabajo muy serio y muy perseverante con las masas, para suplir los vacíos que dejan los traidores y las necesidades de fuerza de trabajo calificada que se producen por el ritmo veloz impuesto a nuestro desarrollo. De allí que la capacitación ocupe un lugar preferente en todos los planes del Gobierno Revolucionario.

La capacitación de los trabajadores activos se inicia en los centros de trabajo al primer nivel educacional: la eliminación de algunos restos de analfabetismo que quedan en los lugares más apartados, los cursos de seguimiento, después, los de superación obrera para aquellos que hayan alcanzado tercer grado, los cursos de Mínimo Técnico para los obreros de más alto nivel, los de extensión para ser subingenieros a los obreros calificados, los cursos universitarios para todo tipo de profesional y, también, los administrativos. La intención del Gobierno Revolucionario es convertir nuestro país en una gran escuela, donde el estudio y el éxito de los estudios sean uno de los factores fundamentales para el mejoramiento de la condición del individuo, tanto económicamente como en su ubicación moral dentro de la sociedad, de acuerdo con sus calidades.

Si nosotros logramos desentrañar, bajo la maraña de los papeles, las intrincada relaciones entre los organismos y entre secciones de organismos, la duplicación de funciones y los frecuentes «baches» en que caen nuestras instituciones, encontramos las raíces del problema y elaboramos normas de organización, primero elementales, más completas luego, damos la batalla frontal a los displicentes, a los confusos y a los vagos, reeducamos y educamos a esta masa, la incorporamos a la Revolución y eliminamos lo desechable y al mismo tiempo, continuamos sin desmayar, cualesquiera que sean los inconvenientes confrontados, una gran tarea de educación a todos los niveles, estaremos en condiciones de liquidar en poco tiempo el burocratismo.

La experiencia de la última movilización es la que nos ha motivado a tener discusiones en el Ministerio de Industrias para analizar el fenómeno de que, en medio de ella, cuando todo el país ponía en tensión sus fuerzas para resistir el embate enemigo, la producción industrial no caía, el ausentismo desaparecía, los problemas se resolvían con una insospechada velocidad. Analizando esto, llegamos a la conclusión de que convergieron varios factores que destruyeron las causas fundamentales del burocratismo; había un gran impulso patriótico y nacional de resistir al imperialismo que abarcó a la inmensa mayoría del pueblo de Cuba, y cada trabajador, a su nivel, se convirtió en un soldado de la economía dispuesto a resolver cualquier problema.

El motor ideológico se lograba de esta manera por el estímulo de la agresión extranjera. Las normas organizativas se reducían a señalar estrictamente lo que no se podía hacer y el problema fundamental que debiera resolverse; mantener la producción por sobre todas las cosas, mantener determinadas producciones con mayor énfasis aún, y desligar a las empresas, fábricas y organismos de todo el resto de las funciones aleatorias, pero necesarias en un proceso social normal.

La responsabilidad especial que tenía cada individuo lo obligaba a tomar decisiones rápidas; estábamos frente a una situación de emergencia nacional, y había que tomarlas fueran acertadas o equivocadas; había que tomarlas, y rápido; así se hizo en muchos casos. No hemos efectuado el balance de la movilización todavía, y, evidentemente, ese balance en términos financieros no puede ser positivo, pero sí lo fue en términos de movilización ideológica, en la profundización de la conciencia de las masas. ¿Cuál es la enseñanza? Que debemos hacer carne en nuestros trabajos.

Ernesto Guevara

Ομιλία στη Μόσχα

Το παρακάτω είναι απόσπασμα ομιλίας που δόθηκε από τον Τσε σε αίθουσα του μεγάρου εμπορικών συνδικάτων στη Μόσχα, στις 10 Δεκεμβρίου 1960. Ο Γκεβάρα περιγράφει τα βασικά στάδια της κουβανικής επανάστασης.

«Ξεκινήσαμε τη μάχη μας κάτω από πολύ δύσκολες συνθήκες, όταν η ιδεολογική ισορροπία των δυνάμεων ήταν αρκετά διαφορετική απ’ ότι σήμερα. Μάθαμε και πήραμε εμπειρίες στην πορεία του αγώνα – γίναμε επαναστάτες στην πορεία της επανάστασης. Γίναμε κοινωνοί της αλήθειας μέσω των εμπειριών μας και αυτή η αλήθεια ήταν ότι οι φτωχές μάζες της επαρχίας πρέπει να γίνουν ο πυρήνας του Επαναστατικού Στρατού μας. Καταλάβαμε ότι στις κουβανικές συνθήκες δε θα μπορούσε να υπάρξει κανένας άλλος τρόπος από μιά λαϊκή, ένοπλη εξέγερση ενάντια στην καταπίεση των μαριονετών των ιμπεριαλιστών Γιάνκις. Παίρνοντας τα όπλα στα χέρια ενωθήκαμε με τους χωρικούς, δίνοντας μάχη ενάντια στον στρατό της φιλοαμερικανικής ολιγαρχίας και τον νικήσαμε. Δείξαμε ότι ο λαός μπορεί να οπλιστεί, να πολεμίσει τους δυνάστες και να τους συνθλίψει…

«Στην παρούσα φάση είμαστε στην κατάσταση όπου, απ’ τη μιά πλευρά, το νησί μας είναι κάτω από συνεχή απειλή από πλοία, βάσεις και πεζοναύτες των ιμπεριαλιστών – από την άλλη πλευρά έχουμε την ανεκτίμητη υποστήριξη της Σοβιετικής Ένωσης η οποία λειτουργεί ως αμυντική ασπίδα προστατεύοντας την (εδαφικη) ακεραιότητα και ανεξαρτησία μας.

Δυστυχώς η Κούβα είναι ένα από τα (γεωστρατηγικώς) καυτά σημεία στον πλανήτη. Δεν συμμεριζόμαστε την επιθυμία των ιμπεριαλιστών να παίζουν με την φωτιά. Γνωρίζουμε τις πιθανές επιπτώσεις μιάς διαμάχης εάν αυτή ξεσπάσει στις ακτές μας και κάνουμε κάθε προσπάθεια να την αποφύγουμε. Αλλά το αποτέλεσμα δεν εξαρτάται από εμάς μόνο. Η δύναμη των λαών σε όλον τον κόσμο που στηρίζουν την Κούβα και το σοσιαλιστικό μπλοκ υπό την ηγεσία της Σοβιετικής Ένωσης – αυτή είναι το όπλο πάνω στο οποίο επαφύουμε την πίστη μας η οποία θα αποτρέψει τις ΗΠΑ απ’ το να υποπέσουν στο θανάσιμο λάθος να μας επιτεθούν.

Αλλά πρέπει να είμαστε σε επαγρύπνηση, πρέπει να προστατεύσουμε τις ακτές μας, τον ουρανό μας, τη γη μας και να είμαστε πάντα έτοιμοι να απαντήσουμε…. Το κουβανικό έθνος, συνεπαρμένο από τον ενθουσιασμό της δημιουργικότητας, κοιτάει με αυτοπεποίθηση στο μέλλον. Ο λαός γνωρίζει ότι θα αναδειχθεί νικητής απ’ όλες τις προκλήσεις. Ετοιμάζονται να χτίσουν ένα νέο και καλύτερο κόσμο παρόλο που, δυστυχώς. αυτός ο κόσμος πρέπει να χτιστεί κρατώντας ταυτόχρονα σφιχτά στα χέρια ένα όπλο. Αυτό είναι το έθνος τους αντιπροσώπους του οποίου δεχθήκατε με ενθουσιασμό, χαρά και επαναστατική έμπνευση εδώ και σε όλες τις πόλεις της Σοβιετικής Ένωσης και σε όλες τις σοσιαλιστικές χώρες.

Η Κούβα αποδέχεται τις ευθύνες που συνοδεύουν τη θέση που της έχει ανατεθεί στον αγώνα ενάντια στον παγκόσμιο ιμπεριαλισμό και είναι έτοιμη να σταθεί αταλάντευτη, όσο ο ιμπεριαλισμός έχει στραμμένο το όπλο του σε αυτήν.

Όμως, η Κούβα προετοιμάζεται να απαντήσει ακόμη και στην ασημαντότερη ευκαιρία γιά ειρηνική διευθέτηση όλων των ζητημάτων. Η Κούβα ολοψύχως στηρίζει την σοβιετική πρόταση στον ΟΗΕ γιά διεθνή αφοπλισμό. Ας χρησιμοποιηθούν κάποια από τα χρήματα που τώρα σπαταλώνται γιά όπλα ώστε να μοιρασθούν σε αυτά τα έθνη που χρειάζονται κεφάλαιο γιά την ανάπτυξη τους. Η Κούβα είναι σταθερός υποστηρικτής της ειρηνικής συμβίωσης χωρών με διαφορερικά κοινωνικά συστήματα και προσφέρει ειρήνη σε οποιονδήποτε θα την αποδεχθεί. Αλλά αυτήν την στιγμή δεν θα έπρεπε να κατεβάσουμε τα τουφέκια μας γιατί είναι με αυτά που θα υπερασπιστούμε τα σύνορα μας, εάν παραβιαστούν απ’ τον εχθρό. Και ας γίνει γνωστό ότι η αντι-επαναστατική τρομοκρατία θα βρεί μπροστά της τον τρόμο της επανάστασης και όσοι σηκώσουν τα όπλα τους εναντίον μας προκειμένου να φορέσουν αλυσίδες στο νησί μας πάλι θα εξολοθρευτούν.

Γράμματα στην Αλέϊδα Μαρτς

Παρακάτω παρατίθενται γράμματα και επιστολές που απέστειλε ο Τσε στην σύζυγο του Αλέϊδα Γκεβάρα-Μαρτς από διάφορα μέρη του εξωτερικού. Ως επι το πλείστον αναφέρονται στην περίοδο 1965-1966. Οι επιστολές  ανήκουν στο προσωπικό αρχείο της Αλέϊδα Μαρτς και μέρος αυτών δημοσιεύθηκαν στο πρόσφατο βιβλίο της με τίτλο «Αναπόληση: Η ζωή μου με τον Τσε» (2007).

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Αγαπημένη μου,

Σήμερα σου γράφω απ’ τη Χιροσίμα, την πόλη της βόμβας. Στο βάθρο που βλέπεις υπάρχουν τα ονόματα εβδομήντα οκτώ χιλιάδων νεκρών. Το σύνολο υπολογίζεται σε εκατόν ογδόντα χιλιάδες. Τέτοιες επισκέψεις κάνουν καλό, σε ωθούν να παλέψεις ακόμη πιό αποφασιστικά γιά την ειρήνη.

Σε φιλώ,
Τσε

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ΜΑΡΟΚΟ

Αλεϊδούλα,

Σου στέλνω έναν πιστό συζυγικό εναγκαλισμό απ’το τελευταίο επίσημο σταθμό αυτού του ταξιδιού. Σκόπευα να σου μείνω πιστός με τη σκέψη αλλά εδώ πέρα κυκλοφορούν κάτι Μαροκινές που τα θέλουν.

Φιλιά,
Τσε

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ΠΑΡΙΣΙ, Ιανουάριος 1965

Πέρα από κάθε αμφιβολία, έχω αρχίσε να γερνάω. Είμαι όλο και πιο ερωτευμένος μαζί σου και μου λείπει ολοένα και πιο πολύ το σπίτι, τα παιδιά, όλος αυτός ο μικρός κόσμος που περισσότερο τον μαντεύω παρά τον ζω. Σε τούτη την προχωρημένη ηλικία που κουβαλάω, αυτό ειναι πολύ επικίνδυνο’ εσύ μου είσαι αναγκαία κι εγώ είμαι μονάχα μιά συνήθεια…..

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1965

Κυρία,

Απ’ αυτές τις δύο πόρτες το έσκασε η μοναξιά και πήγα να τη βρω στο πράσινο νησί της. Δεν ξέρω αν θα μπορέσουμε μιά μέρα να σταθούμε πιασμένοι χέρι-χέρι, με τα παιδιά μας ένα γύρω, και να θαυμάσουμε η θέα, ανεβασμένοι σε κάποιο χνάρι του παρελθόντος. Αν δεν το καταφέρουμε, ονειρεύομαι να το πετύχετε εσείς.

Σας φιλώ με σεβασμό το χέρι.

Ο αντρούλης σας.

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Αγαπημένη μου,

Εκμεταλλεύομαι τα λιγοστά ελεύθερα λεπτά μου εν μέσω αυτής της ταραγμένης διαδρομής στο Στάλινγκραντ, γιά να σου στείλω αυτήν την κάρτα. Πράγματι, εδώ βρίσκεται μπροστά σε μία από τις μεγαλύτερες εποποιίες της ανθρώπινης ιστορίας. Σε δύο μέρες φεύγω γιά την Κίνα.

Φιλιά,

Τσε.

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ΣΑΓΚΑΗ, ΚΙΝΑ

Έμαθα τα νέα σε τούτη την πόλη, που το όνομα της μπορείς να διαβάσεις κάτω από αυτό το καινούργιο απόκτημα. Έχεις βαλθεί να με κάνεις πάντα ρεζίλι. Εν πάση περιπτώσει, στέλνω ένα φιλί στην καθεμιά σας και να θυμάσαι: ότι έγινε έγινε.

Φιλιά,

Τσε

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ΠΑΡΙΣΙ

Αγαπημένη μου,

Καθώς ονειρευόμουν μες στο Λούβρο, κρατώντας σε απ’ το χέρι, σε είδα να παριστάνεσαι σε μια ζωγραφιά. Στρουμπουλή, σοβαρή, μ’ένα χαμόγελο λιγάκι θλιμμένο (ίσως επειδή κανένας δε σ’αγαπάει) να περιμένεις τον μακρινό αγαπημένο (να είναι άραγε αυτός που νομίζω ή κάποιος άλλος;). Κι’ άφησα το χέρι σου για να σε δω καλύτερα και να μαντέψω τι κρύβεται στην καρπερή σου μήτρα. Αγόρι, σωστά;

Ένα φιλί και μια μεγάλη αγκαλιά γιά όλους και ιδιαίτερα για σένα, απ’ τον

Στρατάρχη Του

Τσε

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Αγαπημένη μου,

Είναι η τελευταία κάρτα εδώ και πολύ καιρό, ίσως. Σε σκέφτομαι, όπως σκέφτομαι και τα μικρά κεφτεδάκια που έχω αφήσει πίσω. Αυτή η δουλειά σου αφήνει τελικά πολύ λίγο χρόνο γιά σκέψεις.

Δε σου στέλνω το δαχτυλίδι, γιατί σκέφτηκα πως δεν ήταν σωστό να ξοδέψω χρήματα γιά κάτι τέτοιο, τώρα που τόσο τα έχουμε ανάγκη. Θα σου στείλω κάτι απ’ τη χώρα του προορισμού μας. Γιά την ώρα σου στέλνω δύο παθιασμένα φιλιά, ικανά να λιώσουν την κρύα σου καρδιά. Μοίρασε το ένα σε μικρότερα κομμάτια και δώσ’ το στα παιδιά. Δώσε άλλα πιό μετρημένα φιλιά στα πεθερικά μου και στους υπόλοιπους του σογιού. Στους νιόπαντρους μια αγκαλιά και την πρόταση μου τον πρωτότοκο να τον πουν Ραμόν.

Τις νύχτες των τροπικών, θα ξαναπιάσω την παλιά μου τέχνη, ή μάλλον κακοτεχνία, του ποιητή (κυρίως στον τομέα της σκέψης παρά σ’εκείνον της σύνθεσης), κι εσύ θα είσαι η μόνη πρωταγωνίστρια. Μη σταματάς να διαβάζεις. Να δουλέψεις αρκετά και να με θυμάσαι πότε πότε.

Ένα φιλί τελευταίο, παθιασμένο, δίχως ρητορείες, απ’ τον

Ραμόν σου

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ΚΟΝΓΚΟ

Μοναδική μου εσύ στον κόσμο, (Αυτό το δανείστηκα απ’ τον γερο-Χικμέτ.)

Τι μάγια έχεις κάνει στο φτωχό σαρκίο μου και δε με νοιάζουν πια οι αληθινές αγκαλιές, παρά ονειρεύομαι τις κοιλότητες όπου μ’ έβαζες να φωλιάζω, τη μυρωδιά και τα τραχιά, χωριάτικα χάδια σου;

Ετούτο εδώ είναι μια άλλη Σιέρρα Μαέστρα αλλά δίχως τη γεύση της δημιουργίας ή, ακόμη λιγότερο, της ικανοποίησης του να νιώθω τον τόπο δικό μου. Όλα κυλούν με αργούς ρυθμούς, λες κι’ ο πόλεμος είναι μια δουλειά που μπορούμε ν’αφήσουμε για μεθαύριο. Γιά την ώρα, ο φόβος σου μην τυχόν και με σκοτώσουν είναι τόσο αβάσιμος όσο οι ζήλιες σου παλιότερα.

Η δουλειά μου περιορίζεται σε μαθήματα γαλλικών κάμποσες ώρες τη μέρα, εκμάθηση σουαχίλι και ιατρική. Σε λίγες μέρες από τώρα θα ξεκινήσει μια σοβαρή δουλειά, αλλά μόνο για εκπαίδευση. Κάτι σαν το Μίνας νιελ Φρίο, όπως ήταν στον πόλεμο. Όχι όπως όταν το επισκεφτήκαμε μαζί.

Δώσε ένα προστατευτικό φιλί στα παιδιά (και στην Ιλδίτα). Βγάλτε μιά φωτογραφία όλοι μαζί και στείλ’ τη μου. Μιά που να μην είναι πολύ μεγάλη κι’ άλλη μιά μικρούλα. Μάθε γαλλικά, ασχολήσου περισσότερο μ’ αυτά παρά με τη νοσηλευτική, και να μ’αγαπάς.

Ένα μεγάλο φιλί, σαν κι αυτό που θα σου δώσω όταν ξαναβρεθούμε.

Σ’αγαπώ,

Τάτου.

★★★★★★★★

Μη με εκβιάζεις. Δεν μπορείς να έρθεις εδώ πέρα τώρα, αλλά ούτε και σε τρείς μήνες. Μέσα σ’ ένα χρόνο τα πράγματα θα είναι αλλιώς και θα δούμε τι θα γίνει. Πρέπει να αναλύσουμε σωστά τις περιστάσεις. Το σπουδαιότερο είναι όταν έρθεις να μην είσαι “η κυρία” αλλα η μαχήτρια, και πρέπει να προετοιμαστείς γι’ αυτό, μαθαίνοντας τουλάχιστον γαλλικά […]

Έτσι έχω περάσει ένα μεγάλο μέρος της ζωής μου – υποχρεωμένος να ανακόπτω τις στοργικές μου διαθέσεις εξαιτίας άλλων σκέψεων και στόχων κι’ ο κόσμος να πιστεύει πως έχει να κάνει μ’ ένα μηχανικό τέρας. Βοήθησε με τώρα, Αλέϊδα, να είσαι δυνατή και να μη μου θέτεις προβλήματα που δεν μπορούν να λυθούν. Όταν παντρευτήκαμε, ήξερες ποιός είμαι. Πράξε κι’ εσύ το δικό σου καθήκον κάνοντας πιο υποφερτό το δρόμο μου, που είναι μακρύς ακόμη. Να μ’αγαπάς, με πάθος αλλά και με κατανόηση. Ο δρόμος μου έχει ήδη χαρακτεί, κανένας δε θα με σταματήσει παρά μόνο ο θάνατος. Μη λυπάσαι τον εαυτό σου. Όρμησε στη ζωή και νίκησε την. Κάποια κομμάτια της διαδρομής θα τα διανύσουμε μαζί. Αυτό που κουβαλάω μέσα μου δεν είναι καμιά ανέμελη δίψα γιά περιπέτειες με ότι συνεπάγεται, κι’ εγώ το ξέρω. Εσύ θα έπρεπε να το μαντεύεις […]

Μόρφωσε τα παιδιά. Μην τα κακομάθεις, μην τα παραχαϊδεύεις και κυρίως τον Καμίλο. Μη σκέφτεσαι να τα αφήσεις, γιατί δεν είναι δίκαιο. Είναι κι’ αυτά κομμάτι μας.

Σε αγκαλιάζει, με μια αγκαλιά μεγάλη και γλυκιά,

ο Τάτου σου.

★★★★★★★★

Αγάπη μου, ήρθε η ώρα να σου στείλω ένα αντίο με γεύση από κοιμητήριο (από φύλλα νεκρά, από κάτι τουλάχιστον μακρινό και παροπλισμένο). Θέλησα να το κάνω μ’ εκείνα τα αριθμητικά σημάδια που δεν φτάνουν στο περιθώριο και συνήθως τα ονομάζουν ποίηση, αλλά απέτυχα – έχω τόσες εξομολογήσεις γιά τ’ αυτιά σου που η λέξη γίνεται πια δεσμοφύλακας, κι ακόμη περισσότερο όσο αυτοί οι φευγαλέοι αλγόριθμοι αγαλλιάζουν στην παύση του ρυθμού μου. Δεν είμαι κατάλληλος για το ευγενές λειτούργημα της ποίησης. Κι όχι πως δεν έχω πράγματα γλυκά να πω. Να ήξερες μόνο πόσα απ’ αυτά στροβιλίζονται μέσα μου. Είναι όμως τόσο μακρύς ο δρόμος, τόσο περίπλοκο και στενό το κοχύλι που τα περικλείει, που βγαίνουν κουρασμένα απ’ το ταξίδι, κακόκεφα, συνεσταλμένα και τα πιο γλυκά απ’ όλα είναι τόσο εύθραυστα! Κομματιάζονται στο δρόμο κι απομένουν σκόρπιες δονήσεις και τίποτ’ άλλο […]

Μου λείπει η καθοδήγηση, θα έπρεπε να διαλυθώ για να καταφέρω επιτέλους να στο πω. Ας χρησιμοποιήσουμε τις λέξεις με το καθημερινό τους νόημα κι ας φωτογραφίσουμε τις στιγμές. […] Έτσι σ’αγαπώ, με την ανάμνηση του πικρού καφέ κάθε πρωί δίχως όνομα και με τη γεύση της καθαρής σάρκας στην κοιλότητα του γονάτου σου, μ’ ένα πούρο που η στάχτη του ισορροπεί και μια ασυνάρτητη γκρίνια προς υπεράσπιση του πάλλευκου μαξιλαριού […] Έτσι σ’αγαπώ, κοιτάζοντας τα παιδιά σαν μια σκάλα δίχως ιστορία (κι εκεί υποφέρω γιατί οι μεταμορφώσεις τους δε μου ανήκουν), με μια σουβλιά θλίψης στα πλευρά, πολυάσχολος, αποστεφόμενος τη σχόλη, κλεισμένος στο κοχύλι μου […]

Το τωρινό θα ‘ναι ένα πραγματικό αντίο – η λάσπη μ’ έχει γεράσει πέντε χρόνια, δε μένει πια παρά μόνο το τελευταίο άλμα, το οριστικό. Τελείωσαν πια τα τραγούδια των σειρήνων και οι μέσα μου μάχες, δένεται η κορδέλα για τον τελευταίο μου αγώνα δρόμου. Η ταχύτητα μου θα είναι τόση που κάθε κραυγή θα σβηστεί. Το παρελθόν τελείωσε. Είμαι το μέλλον που έρχεται.

Μη με φωνάξεις, δε θα σ΄ακούσω – μπορώ μονάχα να σε συλλογιέμαι τις ηλιόλουστες μέρες, κάτω απ’ το ανανεωμένο χάδι των πυροβολισμών […] Θα ρίξω ένα βλέμμα λοξό, σαν το σκυλί που στρέφεται γιά τελευταία φορά πριν πέσει να ξεκουραστεί, και θα σας αγγίξω με τη ματιά μου, τον καθένα ξεχωριστά και όλους μαζί.

Αν κάποια μέρα νιώσεις ένα βλέμμα να πέφτει πάνω σου με βία, μη στραφείς, μη σπάσεις τα μάγια, συνέχισε να πίνεις τον καφέ σου κι άσε με να σε ζήσω για πάντα μές στην αιώνια στιγμή.

★★★★★★★★

2 Δεκεμβρίου 1966.

Μοναδική μου,

Εκμεταλλεύομαι το ταξίδι ενός φίλου για να σου στείλω ετούτες τις γραμμές. Θα μπορούσα φυσικά να στις στείλω με το ταχυδρομείο, αλλά μου φάνηκε πιό οικείος ο “μη επίσημος” δρόμος. Θα μπορούσα να σου πω ότι μου λείπεις τόσο που έχω χάσει τον ύπνο μου, αλλά ξέρω ότι δε θα με πίστευες, οπότε συγκρατούμαι. Είναι όμως κάποιες μέρες που η νοσταλγία ορμάει ασυγκράτητη και με κυριεύει. Τα Χριστούγεννα και την Πρωτοχρονιά, κυρίως, δεν ξέρεις πόσο μου έλλειψαν τα τελετουργικά σου δάκρυα, κάτω από τούτον τον ουρανό με τα καινούργια άστρα, που μου θύμιζε πόσο λίγο έχω χαρεί τη ζωή στον προσωπικό τομέα […]

Γιά τη ζωή μου εδώ δεν έχω να σου πω πολλά ενδιαφέροντα, η δουλειά μου αρέσει αλλά απαιτεί απομόνωση και μερικές φορές γίνεται κουραστική. Μελετάω, όποτε μου μένει χρόνος, και πότε πότε ονειρεύομαι. Παίζω σκάκι, δίχως αξιόλογους αντιπάλους, και περπατάω αρκετά. Αδυνατίζω, λίγο απ’ τη νοσταλγία και λίγο απ’ τη δουλειά. Δώσε ένα φιλί στα κεφτεδάκια, και σ’ όλους τους άλλους. Για σένα ένα φιλί έμπλεο αναστεναγμών και λοιπών θλιβερών, απ’ τον φτωχό και φαλακρό σου

Σύζυγο

★★★★★★★★

ΤΟ ΤΕΛΕΥΤΑΙΟ ΓΡΑΜΜΑ

Μοναδική μου εσύ στον κόσμο, λαθραία έβγαλα απ’ το αρμάρι του Χικμέτ ετούτον τον ερωτευμένο στίχο μόνο, γιά να σου δείξω το ακριβές μέγεθος της αγάπης μου.

Παρ’ όλα αυτά, στον πιό βαθύ λαβύρινθο του μελαγχολικού κοχυλιού σμίγουν και απωθούνται οι πόλοι του πνεύματος μου: εσύ και ΟΛΟΙ.

Οι Όλοι απαιτούν την αμέριστη αφοσίωση μου, μόνη η σκιά μου να σκοτεινιάζει το δρόμο! Κι όμως, δίχως να ξεγελάω τους νόμους του εξαϋλωμένου έρωτα σ’ έχω φυλαγμένη στον ταξιδιωτικό μου σάκο.

(Σε κουβαλάω στο σάκο μου του ακούρατου ταξιδιώτη σαν τον άρτον ημών τον επιούσιο.)

Πάω να οικοδομήσω τις ανοίξεις του αίματος και του γουδιού κι αφήνω, στο κενό της απουσίας μου, ετούτο το φιλί το δίχως γνωστή διεύθυνση. Δε μου έχουν ανακοινώσει, όμως, την κρατημένη θέση στη θριαμβευτική παρέλαση της νίκης και το μονοπάτι που βγάζει στο δρόμο μου είναι φωτοστεφανωμένο από δυσοίωνες σκιές.

Αν προορίζουν γιά μένα τον σκοτεινό θώκο των τσιμέντων, φύλαξε τον στο ομιχλώδες αρχείο των αναμνήσεων – κατέφυγε σ’αυτόν τις νύχτες των δακρύων και των ονείρων …

Αντίο, μοναδική μου, μην τρέμεις μπροστά στην πείνα των λύκων ούτε στις παγωμένες στέπες της απουσίας, σ’ έχω στο μέρος της καρδιάς και θα πορευτούμε μαζί ώσπου ο δρόμος να σβηστεί …