Raúl Castro es un héroe: Los verdaderos criminales son los imperialistas estadounidenses

Por Nikos Mottas

Raúl Castro no es, bajo ningún concepto, un criminal, por más desesperadamente que la administración Trump intente presentarlo como tal. Es un revolucionario que dedicó su vida a la lucha contra la dictadura, la dominación extranjera y la explotación capitalista en Cuba. Las renovadas amenazas en torno a una posible orden de arresto estadounidense contra él no son más que otro acto de arrogancia imperial por parte de un Estado que lleva más de sesenta años intentando asfixiar a la Revolución Cubana mediante el bloqueo, el sabotaje, la guerra económica y la agresión política permanente.

La hipocresía de Washington es difícil de exagerar. Los mismos Estados Unidos que invadieron países, organizaron golpes de Estado, armaron fuerzas reaccionarias y destruyeron sociedades enteras en defensa de sus intereses geopolíticos, ahora pretenden presentarse como defensores de la “justicia” y la “democracia”. El mismo establishment político que financia guerras, respalda castigos colectivos y apoya abiertamente regímenes criminales en todo el mundo, de repente pretende arrogarse autoridad moral cuando se trata de la Cuba revolucionaria.

Estados Unidos también tiene una larga historia de protección y legitimación de extremistas violentos anticastristas que operan desde Miami: individuos y redes vinculados al sabotaje, los atentados y décadas de agresión terrorista contra Cuba. Ese mismo establishment político intenta ahora dar lecciones al mundo sobre “justicia” y “democracia”.

Raúl Castro pertenece a la generación histórica que derrocó la dictadura de Batista, un régimen de represión, corrupción y total subordinación a los intereses económicos estadounidenses. Junto a Fidel Castro, Che Guevara y miles de revolucionarios cubanos, aquella generación transformó Cuba de un patio trasero de corporaciones norteamericanas e intereses mafiosos en un país independiente que garantizó salud pública, educación, alfabetización y dignidad a millones de personas humildes.

Esa es la verdadera razón por la que Cuba ha sido atacada durante décadas. Como dijo célebremente Fidel Castro: “No nos perdonan haber hecho una Revolución socialista bajo las propias narices de los Estados Unidos.”

Durante más de sesenta años, Estados Unidos ha intentado quebrar a la Revolución Cubana por todos los medios posibles. Estrangulamiento económico, aislamiento diplomático, planes de asesinato, campañas de desestabilización e interminables sanciones fueron diseñados para obligar a Cuba a volver a la dependencia y la sumisión. Y, sin embargo, Cuba resistió. A pesar de enormes dificultades, la Cuba socialista alcanzó conquistas sociales que siguen estando fuera del alcance de amplios sectores de la población incluso dentro de los países capitalistas más ricos.

Donald Trump y las fuerzas cada vez más reaccionarias que lo rodean representan el rostro más agresivo del imperialismo estadounidense contemporáneo. Su obsesión con Cuba no tiene absolutamente nada que ver con los “derechos humanos”. Cuba sigue siendo un objetivo porque representa un acto histórico de desafío: un pequeño país que resistió el poder de Estados Unidos y sobrevivió. Esa realidad continúa enfureciendo al establishment imperial en Washington.

La campaña contra Raúl Castro, por lo tanto, no está dirigida simplemente contra un individuo. Es un ataque contra toda la legitimidad histórica de la Revolución Cubana. Busca criminalizar la propia lucha antiimperialista mientras borra el largo historial de violencia, intervenciones y dominación ejercidas por Estados Unidos en América Latina y el resto del mundo.

Pero existe una memoria histórica que el imperialismo no puede borrar tan fácilmente.

Millones de personas en todo el mundo siguen viendo la Revolución Cubana como un símbolo de soberanía, resistencia y solidaridad internacional. Más allá de los debates que puedan existir sobre el camino seguido por Cuba, hay un hecho innegable: la Revolución rompió las cadenas de la dominación extranjera y demostró que incluso una pequeña nación podía enfrentarse al poder imperial sin rendirse.

Pase lo que pase, Raúl Castro seguirá formando parte de esa historia gloriosa. En cambio, los arquitectos de las sanciones, la agresión y la dominación imperial pasarán a formar parte del largo historial de imperialismo, opresión y violencia.

* Nikos Mottas es el redactor jefe de En Defensa del Comunismo.

Traducido del original: Raúl Castro is a hero: The real criminals are the U.S. Imperialists